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¿Son necesarias 20.000 camas residenciales más en Ontario?

Un estudio realizado en Ontario, Canadá, subraya que durante la primera década de los 2000 la región invirtió en la apertura de 20.000 camas residenciales al mismo tiempo que reducía los recursos para atención domiciliaria.

Una de las características que comparten buena parte de los países desarrollados es el aumento significativo de los sectores más envejecidos de la sociedad debido a una mayor esperanza de vida y una reducción de la tasa de natalidad. Cuanto más vive la gente mayor más posibilidades tienen de desarrollar enfermedades crónicas y tienen más necesidades sociales. Esto contrasta con unos sistemas de atención sanitaria insuficientemente adaptados a las necesidades actuales.

Según el informe Integrating Long-Term Care into a Community-Based Continuum, la inversión en 20.000 camas residenciales es errónea teniendo en cuenta que el objetivo que se debería perseguir según sus autores es favorecer las condiciones para que la gente mayor resida en sus casas el mayor tiempo posible, hecho que reduciría las listas de espera en centros asistenciales y liberaría un sistema de salud colapsado.

En los últimos años, los sucesivos gobiernos canadienses han entendido que la mejor manera de afrontar el aumento de la población envejecida es ofreciendo un incremento proporcional en el número de camas residenciales. Según los autores del estudio, en cambio, las soluciones deben permitir que las personas sigan viviendo en sus casas y comunidades de manera independiente, si es ahí donde quieren estar. Además, las camas residenciales no deben ser consideradas el último destino de atención. En su contra juega el hecho de que el servicio de atención domiciliaria en Ontario es inadecuado, fragmentado y no sigue una estrategia coordinada, por lo que no consigue dar una respuesta válida a las necesidades de los pacientes y gente mayor. Por este motivo, las vías de atención se derivan muy a menudo a los hospitales y residencias.

Las organizaciones proveedoras de servicio asistencial trabajan bajo su propio sistema y ninguna es responsable de garantizar que las personas mayores reciban la mezcla de servicios que necesitan para seguir en la comunidad. Una vez que estos servicios están institucionalizados y regulados, hace mucho más difícil cambiarlos e incentivar una interconectividad entre ellos.

    

No obstante, existen iniciativas realizadas por grupos de voluntarios que intentar mejorar las condiciones de vida de la gente mayor ofreciendo un sistema de atención domiciliaria diferente. Su objetivo sigue siendo una estancia más prolongada de los pacientes en sus casas. Estas iniciativas siguen quedándose al margen de las políticas de salud aplicadas por los gobiernos, hecho que perjudica su éxito y desarrollo. Las acciones, que dan un papel muy importante a los cuidadores y coordinadores profesionales de asistencia, necesitan un marco político adecuado para cambiar el sistema y poder actuar más allá del ámbito local.

Los autores han propuesto tres condiciones para una atención adecuada de las necesidades de la gente mayor.

1. Plan para lugares asistenciales. Para conocer cuántas camas necesitas, primero se debería decidir qué rol esperas que jueguen las camas residenciales. Decir “no” a más camas nuevas, como ha hecho recientemente el gobierno de Ontario, puede ser un movimiento hacia la dirección correcta, pero tiene que responder claramente a la pregunta de dónde serán dirigidas todas las personas que pueden necesitar una de esas camas nuevas. La asistencia, según los autores, puede venir de incentivar el apoyo domiciliario y el papel de los cuidadores.

2. Afirmar el rol de las políticas públicas. Los gobiernos deben establecer las condiciones bajo las cuales puedan desarrollarse las diferentes iniciativas de atención a la comunidad que surjan. Los representantes políticos deben dar poder de decisión a los cuidadores y personas mayores para decidir libremente entre centros residenciales y atención domiciliaria, además de promover la cooperación y la eliminación de barreras institucionales dentro de los gobiernos y entre proveedores. Con la puesta en marcha de estas acciones se podrán expandir proyectos como entrenar a banqueros para que sepan dar una atención adecuada a mayores y personas con necesidades que tengan dificultades en gestionar sus finanzas.

3. Programar inversiones basadas en las necesidades del paciente. Los políticos han estado dispuestos a pagar mucho más para mantener a pacientes en las camas que para mantenerlos fuera de ellas. Este es el mensaje que los autores quieren evitar de ahora en adelante. El gran incentivo es encontrar las maneras más efectivas para mantener a las personas en sus casas el máximo tiempo posible y de manera independiente. Una buena manera de hacerlo es estimular una expansión general de los servicios y apoyos comunitarios, incluyendo entrenamiento para los familiares de los pacientes o un incremento en la asistencia de personal sanitario y enfermería.

Estas acciones, enfatizan los autores del informe, no desean una disminución del papel clave que tienen las camas residenciales ya que ningún país las ha eliminado. Sin embargo, varias teorías institucionales y experiencias de otros países les han demostrado que se puede y se debe producir un cambio para asegurar la independencia de la gente mayor y sus cuidadores.

La experiencia internacional nos demuestra una gran variabilidad entre países de elevado desarrollo en la dotación de camas en función de las políticas existentes. El caso más relevante es seguramente el de Suecia con una política agresiva pro servicios domiciliarios que ha conseguido mantener en tasas mucho más bajas los servicios residenciales que otros países de su entorno. La planificación de camas residenciales para mayores dependientes no es por tanto algo que se deba realizar sin considerar el balance de servicios alternativos promovidos y financiados desde las políticas públicas. 

 

Acceso al documento original: 

Integrating Long-Term Care into a Community-Based Continuum http://irpp.org Disponible en: http://irpp.org/wp-content/uploads/2016/02/study-no59.pdf

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